¡¡¡¡¡Pero qué sola estoy!!!!!!
Una madre lleva a un niña con sindrome de Prader-Willy a su pediatra en su Centro de Salud. La niña está intranquila y nerviosa en los últimos días y esa madre piensa que el pediatra le podrá aconsejar o prescribir algo para que la inquietud vaya a menos.
Mientras esperan, la niña se pone más nerviosa y entra en los que llamamos bucle. Su sindrome hace que se dé cuenta que esta mal pero no sabe salir lo que hace que esté cada vez más nerviosa y alterada. La madre intenta tranquilizarla usando todos los trucos aprendidos en años de estar siempre ahí. También está nerviosa e inquieta al ver a su hija así.
Cuando les atiende el pediatra la madre lo primero que hace es recordarle que la niña tiene el sindrome de Prader-Willy. El pediatra pone cara de no haber asistido ese día a clase. No debió entrar en el exámen y ya para qué aprenderselo.
La niña sigue en bucle y su frustración hace que grite y se enfade con el mundo. Sintoma típico de cualquier Prader-Willy en esa situación.
Entra una enfermera diciendo que los gritos de la niña están poniendo nerviosos a otros niños y le pide a la madre que haga callar a la niña.
Esta claro.... Su hija y su sindrome hacen que su hija sea rara, y lo raro no le gusta a al gente.
El pediatra no sabe qué hacer para que la niña se tranquilice.
Y pese a estar en su Centro de Salud, lugar donde se supone que te atienden cuando estás mal, el propio pediatra llama a una ambulancia del 061 para que se la lleve a otro sitio.... Urgencias de algún hospital supongo.
Llega la ambulancia y resulta que los componentes de la dotación de la misma ven la situación y consiguen tranquilizar a la niña. Convencerla de que todo está bien y llevarla a casa en vez de al hospital donde la niña, agotada, se duerme.
La madre piensa que si ni siquiera su pediatra, ni siquiera su Centro de Salud, tienen un mínimo de comprensión por la enfermedad de su hija, ¿dónde puede ir? Es más de lo mismo. Su hija es un bicho raro para esos médicos que creen que aprobando la oposición al Salud han cumplido y merecen un sueldo de por vida sin esforzarse demasiado para ganarselo.
Está sola. Como están solos los padres de otros niños en la misma situación que su hija. No es nada nuevo. Ya le ha pasado otras veces. Y siente una profunda incomprensión, tristeza y asco por esta sociedad que presume de solidaria pero que, en cuanto les toca de cerca, alejan al "bicho", al raro, al que molesta, al que no es como ellos, para que no estorbe, no se vea y no de mal.